Por: María Melvis Jerez Valón

 

Una serenata a  plena madrugada. Hijo ¿quién te amará a esta hora?.

 

 La chica está durmiendo. Ni en sueños imagina que sean tuyos los ojos que la siguen al salir de la escuela, el remitente de esas carticas que se despide haciéndose llamar “tu cantante” o el que sin falta, cada lunes, le  envía flores.


En su libreta escolar quien sabe no esté escrito tu nombre, ni unos versos de amor con los que hoy das música a tus sentimientos. Son las 2 AM. Yaquelin está durmiendo y sus vecinos tratan de hacerlo.

 

¿Por qué en ocasiones no buscamos el momento, el lugar y,  sobre todo, la hora apropiados para expresar lo que llevamos por dentro?

 

Como usted, también yo, he tenido que “colgar los sueños” en una noche de verano por culpa no sólo de apasionados amantes sino de aquellos que  sin reparar en  horarios conversan en alta voz , ¡gritan!, amplifican música estridente y  para colmo suenan injustificadamente  las bocinas de los autos.

 

Entre este tipo de  indolentes se encuentran los que arremeten contra todo lo que hayan a su paso ya sean  señales de tránsito o cestos de basura, también aquellos tiran  por doquier  latas de refrescos y  cervezas.

 

“El respeto al derecho ajeno es la paz”, ya lo dijo Benito Juárez. Quien sabe tengamos que hacer de esta frase un culto a la quietud.