Hoy decidí escribir este post porque hace prácticamente un mes los hispanohablantes le dedicamos honores al idioma, ya que cada 23 de abril se recuerda al Quijote de las letras, don Miguel de Cervantes Saavedra.
Si de las letras se habla les traigo dos palabras fáciles de pronunciar: ruido y alarma.
Según la Real Academia Española(RAE) la palabra ruido proviene del término latín rugitus y entre sus definiciones está “sonido inarticulado, por lo general desagradable” ; mientras que la palabra alarma proviene del it allarme y responde entre sus significados a “m
ecanismo que, por diversos procedimientos, tiene por función avisar de algo”.
Cada una de estas definiciones dadas por la RAE, me llevan a determinar que tanto una como la otra, se conjugan en el sonido desagradable que produce el mecanismo de accionar que tienen las injustificadas alarmas, por ejemplo, las instaladas en las entidades en la ciudad: Bancos, Empresa de Telecomunicaciones y cadenas de tiendas. También se extiende el fenómeno a las grandes ciudades o capitales donde el cúmulo de entidades corporativas es mayor.
En la mañana se acrecienta el tráfico de personas que se dirigen a sus centros de trabajo o llevan sus hijos a las escuelas y, sin ton ni son, irrumpe la alarma de algunas de estas entidades provocando en la ciudad un estado de inquietud o molestia ya que estos aparaticos electrónicos se activan si causa alguna.
La compra e instalación de estos componentes se enmarca en su función de aviso ante un incendio o robo, pero se hace de esta fiesta sonora un ritual matutino y la gente va dejando de creer en su funcionalidad.
El sonar indetenible de las bocinas de los autos en lugares indebidos tal es el caso frente a hospitales, escuelas y viviendas por razones no justificadas perjudican la salud y tranquilidad de los ciudadanos.
Vale destacar que el ruido por encima de los 80 dB puede incrementar el comportamiento agresivo en las personas y puede, además, afectar contrariamente el desarrollo, por ejemplo en la lectura, problemas de atención, problemas de memoria.
La alarma forma parte de los elementos generadores de ruido que contaminan el ambiente urbano. Ajustar el sistema eléctrico de las alarmas instaladas en entidades y tocar las bocinas de los autos solo cuando sea necesario debe constituir un buen hábito ciudadano y una manera de preservar la armonía dentro de la ciudad.
Economicemos el ruido.