Dicen que el lunes es el día más pésimo que tenemos luego de un fin de semana tan movido o cargado de actividades en el hogar o de fiesta en un club.

 

Llegas al trabajo y vuelves a la misma tonada de siempre, verle la cara a quienes no desean, hablarle a personas que a penas comparten tus criterios mínimos o escuchar lo que alguien dice de otra. Sin embargo, en el desarrollo del día cuando las horas van transcurriendo la marea del chismorreo baja y ya no queda nada para seguir despigmentando la piel del ausente, jajaja.

 

Solo restan pocas horas para que llegue el martes,!Que no llegue nunca¡,  porque ese día nos reunimos en el departamento y, entre gritos estereofónicos de quien dice mas, no logro entender lo que se dice y la reunión  se extiende en la oficina. Nada, que un análisis que debía terminar en solo 15 minutos se remonta en una hora. ¿quién calla a quién?